La viña, el descanso eterno del poeta andalusí

Soy un ser vital. Un enamorado de la vida.

 Entre aguas navegué sólo antes de nacer, desde entonces…

sólo las contemplo desde sus orillas…

y muchas se plasman en mi retina pues soy viajero infatigable.

Tuve la suerte de nacer en el seno de una familia acomodada y desde mi niñez la cultura y el arte me acompañaron. Música, danza, caligrafía, astronomía, filosofía, literatura…  formaban parte de mi vida.

Pronto aprendí a quererme, mirándome al espejo de ese Guadalquivir de mi Córdoba natal.

El gran río me mostró, una noche de luna clara,  la imagen de un joven de azules ojos, rubio cual el trigo en tiempo de recolección, esbelto cual palmera y dulce, meloso como sus frutos…. los dátiles.  Y – me dijo- ese eres tú, Ibn Quzmán. Un auténtico bereber. Las rutilantes estrellas que adornaban el manto azul turquí con el que se cubría la noche, a modo de coro, recitaron mis zejeles.

Sí, muy pronto despertó en mi la vena de artista. Conocía el árabe y el latín, como lenguas cultas pero ese incipiente lenguaje andaluz del siglo XI, me atraía poderosamente. Me permitía mil sutilezas.

Me lancé de lleno a ese mundo mágico de la poesía y ella se convirtió en mi forma de vida; mis zejeles, como yo los llamaba, gustaban y eran reclamados desde   lejanos paises.

Era enamoradizo aunque voluble; tierno y apasionado; osado, crítico, mordaz… pero mis ojos zalameros y la música de mis palabras  enamoraban a damas y efebos.

Las olas de ese mar que nunca crucé me hicieron subir –  tuve protectores que me dieron vida regalada, amantes que saciaron mi voluptuosidad…- y bajar  a los oscuros calabozos por mis críticas políticas y afrentas a la religión.

Viejas culturas habían dejado aquí su impronta. Iberos, celtas, fenicios, griegos, romanos, vándalos…  Todos ellos tenían algo en común: el vino.

Decidí probarlo y él decidió la que sería mi última voluntad:

Cuando muera éstas son mis instrucciones para el entierro:
dormiré con una viña entre los párpados.
Que me envuelvan entre sus hojas como mortaja
y me pongan en la cabeza un turbante de pámpanos.

Ibn Quzman es el exponente más preciso del sentimiento general de la sociedad andalusí.

3 comentarios sobre “La viña, el descanso eterno del poeta andalusí”

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  2. Es un tipo de escritura compleja ,tiene pinceladas románticas históricas y costumbristas, pero realmente como no soy de ese ambiente de viñedos ,no logro encontrar el meollo del asunto.
    Me parece innecesario que escriba que es de familia acomodada por eso le gusta el arte, es un cursi, el arte le gusta al rico y al pobre y de hecho la mayoría de artistas nacen o mueren pobres, a menos que se trate de los monigotes de Hollywood, que no se si se les puede llamar artistas o mas bien son simples actores.

    1. Valoro tu comentario. Gracias por tu contribución. Nuestro poeta Ibn Qumán apostó por esa nueva lengua que iba naciando en Andalucía… Tuvo la genialidad de transmitirla al mundo culto de su época…
      El imperio romano, intento de globalización, había sucumbido. Otras civilizaciones intentan encabezar ese proyecto: turcos, Godos, árabes..
      El vive en Andalucía, aquí el sincretismo es aceptado, sus pobladores son activos y su mentalidad es abierta. Con todo su bajage cultural, el apuesta por Andalucía conivirtiéndose en nuesto embajador ante las cortes del viejo mundo.

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