Entre juegos anda el vino en Navidad

Estamos inmersos en plenas fiestas navideñas y llega el esperado (o temido) momento de sentarse con toda la familia frente a una mesa. Sabemos que estas reuniones no siempre son del agrado de todos porque, entre otras cosas, toca aguantar a la suegra, a tus ruidosos sobrinos pequeños o a tu padre, que se empeña en recordarte que ya va siendo hora de que sientes la cabeza. Os proponemos un divertido ejercicio para hacer más amenas las largas cenas o comidas tan típicas de estas fiestas: un juego de cata. Para dar un aliciente a tus invitados, busca un premio con el que obsequiar al ganador; eso lo dejamos a tu elección.

Antes de nada, tranquilo, no hace falta que seas un experto en vino, ni tampoco que hagas un gran desembolso de dinero. Para un juego de lo más básico, en el que pueda participar cualquiera sin necesidad de saber de vino, bastaría con comprar una botella de vino blanco, otra de tinto y otra de rosado para un ejercicio en el que podrían participar hasta 10 personas –cada botella nos permitirá servir 10 copas de cata-. Este primer juego consistiría en identificar, con los ojos vendados –podemos usar un antifaz para dormir, por ejemplo-, y guiándose sólo por el olfato y el gusto, cuál es el vino blanco, cuál el rosado y cuál el tinto.

Como probablemente la mayoría de los jugadores acierte el resultado, puedes intentar ponerlo un poco más difícil y, añadiendo un vino más a tu selección, darles a probar dos tintos de estilos completamente opuestos: un vino joven y un tinto con crianza. Cuando reveles el resultado del ejercicio, aprovecha para explicarles las principales diferencias entre un tinto joven –mayor presencia frutal y sensaciones más exuberantes- y otro que ha pasado por barrica –mayor estructura y matices especiados y tostados aportados por la madera-.

Si tus invitados ya tienen ciertos conocimientos sobre vino puedes intentar retarles a adivinar, no sólo la añada, sino también qué influencia climática tienen: si proceden de climas atlánticos, mediterráneos o continentales y ya, rizando el rizo, si alguno se atreve, por qué no pedirles que acierten la denominación de origen a la que pertenece cada vino, sea blanco, tinto o rosado. La mejor forma de afrontar esta prueba será por el método de eliminación, es decir, primero deben enumerar las zonas o climas que consideran que no pueden ser para, luego, mediante la cata, centrar más el tiro.

Eso sí, te aconsejamos que las dosis de vino de las copas sean pequeñas y que tengas preparadas unas escupideras –o en su defecto otro recipiente parecido, como una cubitera o similar- para que los participantes en el juego puedan disfrutar de la cata hasta el final y garantizar un consumo moderado de vino.

Tras el juego, podéis terminar las botellas que más os hayan gustado acompañadas de los platos de la cena o comida. Es posible que no consigas que tus comensales se conviertan en unos expertos en vino, pero con estos juegos las risas y la diversión están aseguradas en tu mesa navideña. ¡Que los disfrutes!

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